Hay una tristeza antigua
viviendo entre mis costillas.
No grita.
No rompe nada.
Solo permanece,
como una casa abandonada
que el tiempo olvidó derribar.
Y a veces pienso
que el verdadero peso de la pena
no es el llanto,
sino el silencio.
Hay una tristeza antigua
viviendo entre mis costillas.
No grita.
No rompe nada.
Solo permanece,
como una casa abandonada
que el tiempo olvidó derribar.
Y a veces pienso
que el verdadero peso de la pena
no es el llanto,
sino el silencio.
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